CRÓNICA RUTA POR EL BARRIO DE PORTA

 

Una mañana más, después del café en compañía, empezamos a recorrer, esta vez, las calles de Porta. El origen del nombre del barrio es incierto, se atribuye a Pasqual Porta Margarit. Ya en  1015, aparecen los  primeros registros como barrio.

Se trataba  de una zona de rieras, con  campos de secano y  alguna huerta. Durante la dictadura, años 50,  se empieza a construir de manera especulativa; sin aceras ni zonas verdes. A partir del 72 se reivindican los autobuses y los semáforos, y se crea la Asociación de Vecinos en el 73.Tuvieron mucho peso las vocalías de urbanismo y  también la de jóvenes y la de jubilados. El Movimiento obrero de las fábricas se extrapoló con fuerza a los barrios.

Tres zonas de huertos urbanos marcan la peculiaridad de este barrio.

Visitamos primero “els  Horts de la Maladeta”, con ya diez años de arraigo. La iniciativa surgió de dos hombres de unos 60 años que deciden plantar en un solar; corre la voz y empieza a llegar gente para sumarse,  buscando potenciar un tipo de ocio más sano. Resultó un poco caótico, cuando empezó a  llegar gente de toda Barcelona, a partir de salir en un programa de tv3. Este tipo de huertos siempre existieron en el barrio por la gente llegada del campo, aunque algunas personas lo siguen asociando al barraquismo o a la marginalidad.  Hoy, la Maladeta , estrecha su  vínculo con las escuelas de barrio; el objetivo no es producir sino ocupar el tiempo libre. Se reivindica como zona verde,  vinculada a equipamientos del barrio. La demanda es  que el ayuntamiento lo compre a Núñez y Navarro para este uso, aunque, al tener más propietarios, la gestión es difícil. Se recuerda, que aquí estaban las primeras casas de Porta y la  importancia de la vía porque empalmaba con el mental y también con el camino a Vic.

Otros huertos y otros usos vemos en el “ Hort de Can Valent”.Cayetano,  impulsor del proyecto, nos explica que lo gestiona la Assemblea d’aturades. 15 o 20 personas forman el  grupo motor; no saben de agricultura pero están orientados por otros compañeros. Buscan la sostenibilidad con  semillas ecológicas de pepino, tomate, habas, sandias y plantas aromáticas. El objetivo con el que se comenzó, fue el autoconsumo de la gente más necesitada del barrio.

4 años lleva ya en marcha “Portam a l hort”. Este proyecto se define como  cultural, social,  educativo y terapéutico. Hay que poner en valor el trabajo constante que se hace para  que no se degrade. Los gastos de agua etc. son hoy  asumido por los propios usuarios. Buscan que se les incluya en los proyectos de segunda generación, como Can Valent, cuyos gastos se asumen por el propio ayuntamiento y ser ofrecido a escuelas como aula medioambiental.

Pasamos por el “Casal d’ avis”, fruto de la  reivindicación del barrio y posterior negociación con los herederos que renunciaron al terreno para construir, en su momento, una residencia. Muy cerca, nos paramos en la calle Alloza, nombre en homenaje al cartero del barrio, antiguo militante anarquista de la cgt.
Rememoramos la antigua reivindicación de escuela pública auto gestionada, ”Escoles en lluita”. Entraron en un espacio no utilizado (1975) y pusieron en marcha la gestión asamblearia entre profesorado, familias y alumnos (1977). El uso de estos  métodos liberales no gustaba a todas las familias y después de poco más de un año cambiaron el nombre a Palma de Mallorca y volvieron al sistema de educación tradicional.

Acabamos nuestra ruta en Can Verdaguer, con sus  dos relojes de sol; uno de invierno y otro de verano. Recordamos como Heron city debían ser equipamientos para el barrio pero  lo vendieron.

Nos despedimos bajo la palmera más alta de Barcelona. Rodeada de  bloques que la  protegen del viento, ha logrado mantenerse.

 

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